{"id":437,"date":"2019-03-16T19:40:43","date_gmt":"2019-03-16T19:40:43","guid":{"rendered":"http:\/\/diario24news.com\/hoy\/?p=437"},"modified":"2019-03-16T19:40:43","modified_gmt":"2019-03-16T19:40:43","slug":"un-centenar-de-horas-entre-sombras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/larepublicanews.com.do\/live\/un-centenar-de-horas-entre-sombras\/","title":{"rendered":"Un centenar de horas entre sombras"},"content":{"rendered":"\n<h5 class=\"wp-block-heading\">La solidaridad florece en los barrios de Caracas para paliar los efectos del apag\u00f3n m\u00e1s devastador de Venezuela<\/h5>\n \n\nEstas noches, nadie anda sin velas encendidas. No es un rito, sino una precauci\u00f3n frente a la peor epidemia de\u00a0apagones de Venezuela. Yelitza Izalla, de 43 a\u00f1os, ha roto unas cuantas para convertirlas en focos de iluminaci\u00f3n. Su departamento en Macaracuay, al este de Caracas, ha experimentado 108 horas continuadas de oscuridad y otras tantas interrumpidas por r\u00e1fagas de luz.\n\n \n\nSus hijos, de 12 y 4 a\u00f1os, preguntan cu\u00e1nto durar\u00e1 el corte el\u00e9ctrico. Pero nadie puede responder a esa duda en todo el pa\u00eds. Aunque el suministro regres\u00f3 este jueves en varias partes de Venezuela, el servicio todav\u00eda no se ha restablecido totalmente en \u00e1reas de Caracas y en algunas regiones del oeste. Yelitza y su esposo, Carlos Guerra, se han organizado con sus vecinos para superar la fatalidad. En una cima de la ciudad y aislados de otros barrios, la mayor preocupaci\u00f3n es la supervivencia. Su misi\u00f3n es mantener la comida, tener agua potable y su propia seguridad.\n\n \n\nTodo se ahorra al m\u00e1ximo. Hasta el poco fr\u00edo de los refrigeradores es conservado. \u201cNo abro casi la nevera\u201d, confiesa. Para economizar, todos han acordado cocinar en conjunto, as\u00ed nadie se queda sin alimentos. Rosa Arellano, jubilada, fr\u00ede pescados para compartir con otras familias. Tambi\u00e9n presta su cocina, que funciona con gas, a otras personas. \u201cAntes de que se descomponga prefiero invitar a la gente a comer\u201d, explica. Lo mismo hacen otras mujeres que regalan unas golosinas a los ni\u00f1os de la urbanizaci\u00f3n.\n\n \n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" class=\"wp-image-2162\" src=\"https:\/\/impactard.com.do\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/1.jpg\" alt=\"\" \/><figcaption>\nYelitza Izalla y Carlos Guerra suben recipientes llenos de agua a su apartamento.<\/figcaption><\/figure>\n \n\nLa emergencia ha superado la capacidad de las autoridades. De ah\u00ed que la solidaridad reduzca el impacto de la crisis. Carlos, de 44 a\u00f1os, es superviviente del deslizamiento del Estado de Vargas (litoral), una tragedia que dej\u00f3 miles de muertos y damnificados en diciembre de 1999. Tras recordar el desastre natural, el hombre afirma que el apag\u00f3n ha tra\u00eddo una sensaci\u00f3n parecida. \u201cFue una experiencia horrorosa, pero se contaba con la asistencia del Estado. Hab\u00eda ayuda para los afectados. Hoy no siento esa atenci\u00f3n\u201d, explica.\n\n \n\nEn Venezuela no se ha aplicado un plan nacional para atender el apag\u00f3n.\u00a0Solo se ha agudizado el conflicto pol\u00edtico\u00a0y la persecuci\u00f3n del r\u00e9gimen. Nicol\u00e1s Maduro ha ordenado a los colectivos \u2014grupos parapoliciales chavistas\u2014 que se \u201cactiven\u201d en las comunidades para \u201ccuidar la paz\u201d en la emergencia provocada por la falta de electricidad en muchas zonas del pa\u00eds.\n\n \n\n\u201cSiempre dicen que fue un sabotaje y que tengamos paciencia, pero no vemos soluciones. No se hace un reporte diario para saber qu\u00e9 ocurre\u201d, asegura Jessica Ramos, de 30 a\u00f1os y madre de un beb\u00e9. Es amiga de Yelitza y Carlos, viven al lado, y desde hace varias tardes escuchan gritar a Germ\u00e1n, un hombre alto que reside tres pisos m\u00e1s abajo, que abrir\u00e1 el \u201ctanque\u201d que almacena agua. Sin su aviso, la comunidad estar\u00eda desorientada.\n\n \n\nEn filas, las familias caminan hacia el estacionamiento, donde se localiza el profundo pozo. Cargan con recipientes, envases vac\u00edos de refrescos. Un hombre moreno y con sombrero es el primero en lanzar un balde, atado a una cuerda, hasta el fondo. Es lunes, son las cuatro de la tarde, y todos se apresuran antes de que oscurezca. \u201cNadie se queda sin agua porque hasta a las personas mayores se les lleva un poco a su casa\u201d, explica Leily Salinas, una administradora de 46 a\u00f1os, que asegura que muchos de sus vecinos \u201cmigraron\u201d a otros distritos con alg\u00fan servicio.\n\n \n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" class=\"wp-image-2163\" src=\"https:\/\/impactard.com.do\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/2.jpg\" alt=\"\" \/><figcaption>\nVecinos de la urbanizaci\u00f3n El Encantado, en Caracas, llenan recipientes de agua.<\/figcaption><\/figure>\n \n\nEl colapso es absoluto. Leily ha encontrado cobertura telef\u00f3nica en una planta de su edificio. Es como hallar un tesoro. El lugar es compartido por turnos para enviar mensajes por celulares a familiares o amigos, muchos de ellos en otros pa\u00edses. \u201cSentimos como si hubiera pasado un tsunami por Venezuela, pero sin agua. Estamos totalmente desasistidos, sin informaci\u00f3n ni nada\u201d, indica.\n\n \n\nAlgunos se detienen en la garita del urbanismo para preguntar a los que llegan sobre la situaci\u00f3n en las calles. El apag\u00f3n ha desatado el colapso de otros servicios. El agua no es bombeada, el transporte p\u00fablico es casi inexistente, las telecomunicaciones desaparecen, la mayor\u00eda de los comercios est\u00e1n cerrados y los hospitales operan con dificultades en un pa\u00eds a ciegas. \u201cUna se\u00f1ora me regal\u00f3 una pastilla para la migra\u00f1a, compartimos las medicinas\u201d, agrega Yelitza.\n\n \n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" class=\"wp-image-2164\" src=\"https:\/\/impactard.com.do\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/3.jpg\" alt=\"\" \/><figcaption>\nDos j\u00f3venes suben agua a sus casas.<\/figcaption><\/figure>\n \n\nEl lunes, ella se hab\u00eda atrevido a salir con su familia al supermercado despu\u00e9s de cuatro d\u00edas de apag\u00f3n. Hab\u00eda usado un billete de 50 d\u00f3lares para comprar unos panes, galletas, gaseosa y otros alimentos no perecederos. No pod\u00edan pagar con bol\u00edvares y las transferencias eran imposibles sin electricidad.\u00a0El colapso del sistema el\u00e9ctrico ha acentuado todos los males de Venezuela. \u201cTenemos temor, incertidumbre. Ninguno sale sin el otro. Todos nos movemos juntos a cualquier sitio\u201d, a\u00f1ade.\n\n \n\nCongregadas, las familias recogen troncos, ramas y hojas secas de \u00e1rboles para encender una fogata en las noches. Durante el apag\u00f3n esto permiti\u00f3 iluminar, acompa\u00f1ar a los vigilantes y hasta aplacar la angustia. En las ma\u00f1anas, otros se reun\u00edan en el patio para jugar a las cartas, conversar y hasta conocer las noticias. Es una escena repetida en los vecindarios de Caracas \u2014una ciudad con un r\u00e9cord de cr\u00edmenes en Sudam\u00e9rica\u2014 que carecen de energ\u00eda a\u00fan.\n\n \n\nHoras antes, hab\u00eda vuelto la electricidad en varias zonas de Macaracuay. Al principio, Yelitza sinti\u00f3 alivio, pero su angustia reapareci\u00f3 tras conocer la magnitud de la crisis. Ahora se prepara para otro posible corte de energ\u00eda, aunque todav\u00eda algunas regiones est\u00e1n sumidas en la oscuridad: \u201cSomos solidarios y la calamidad la llevaremos con esperanza\u201d.\n\n \n\n<strong>Fuente:<\/strong> <em><strong>El Pa\u00eds<\/strong><\/em>\n\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La solidaridad florece en los barrios de Caracas para paliar los efectos del apag\u00f3n m\u00e1s devastador de Venezuela Estas noches, nadie anda sin velas encendidas. No es un rito, sino una precauci\u00f3n frente a la peor epidemia de\u00a0apagones de Venezuela. 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